1 mar. 2009

Mi Amigo Ángel Riobóo Paz...

Hoy voy a dejar una entrada, que en su día hice, en mi blog de la página del país que nací, porque me he llevado una gran alegría, después de un tiempo, por sus ocupaciones no sabía nada de Ángel y hoy de nuevo nos hemos reencontrado.

Sin más dilación dejo aquí el mismo escrito.

Me dirijo a todos vosotros para comentaros, que nuestro querido amigo Ángel Riobóo, nieto de los Riobóo, que regentaban el emblemático Bar los Polos, en Santa Isabel de Fernando Poo, ha escrito un ensayo títulado "INSTINTO DE PATERNIDAD" por ello os dejo aquí mi comentario sobre lo que he sacado en conclusión de su lectura.

Ya sé que todos aquellos, que pululamos por esta página fantástica, maravillosa, ya tenemos a nuestro hijos mayores, pero es cierto así mismo, que unos ya sois abuelos, otros lo seremos, y de todos modos os remito a este ensayo, porque creo merece la pena de ser leído.

INSTINTO DE PATERNIDAD

Es un ensayo extraordinariamente escrito pues narra la experiencia de un padre que de repente, y sin esperarselo se encuentra al cuidado de sus hijos.
Además de estar muy bien escrito, su lectura es amena, graciosa, simpática e incluso irónica. A pesar del sufrimiento del autor, éste antepone todo ante sus hijos. En principio es ayudado por sus seres queridos, pero poquito a poco va adquiriendo pericia y, se hace cargo perfectamente de sus hijos. Incluso me atrevería a decir más; ya quisiesen tener muchas mujeres ese instinto paternal. Se da por supuesto que es la mujer la que siempre se hace cargo de sus hijos relegando al padre a un segundo plano, y este relato, como otras circunstancias en otros muchos padres, puede demostrar lo equivocados que podemos estar. Nunca se debe sentar cátedra ante nada, porque bien pudiesemos estar equivocados. Estoy segura que por la educación que han recibido estos niños, cariño, ternura, y un sin fin de cosas... en la actualidad seran unas personitas encantadoras, y no solamente eso, si no que creo, que de alguna manera su padre les ha inculcado saber ser, y ser ante todo personas.
Para mí: La lectura de este ensayo me ha resultado muy emotiva y, conmovedora, ojalá se dieran esta clase de padres, y cuando digo padres me refiero a ambos sexos. Los hijos nunca han pedido venir a este mundo, por lo tanto, seamos conscientes de ello, y procuremos hacerles personas. Ya sé que nadie nos ha enseñado a ser padres pero hemos de hacernos responsables de ello. De ahí mi admiración por Ángel Riobóo. Soy madre de dos hijos, y bien sé lo que cuesta educarlos. Es más... en más de una ocasión ellos me han educado a mí, cuando por alguna razón perdía los nervios. No me costó en ningún momento, cuando vi que ellos tenían razón llegarles incluso a pedir perdón. A veces nuestros hijos nos pueden educar...

Lo verdaderamente importante, en la relación con nuestros hijos, es la comunicación, y gracias a ella podemos conseguir muchas cosas tanto para ellos como para nosotros mismos. Siempre base mi relación con mis hijos en esa comunicación. Ahora ya son independientes, y capaces de ser autónomos. Uno de ellos por un desafortunado accidente es minusválido, pero tan autónomo o más si cabe que mi hija. Tengo chico y chica. Los he educado a ambos de una forma que puedan ser de alguna manera libres, y caminar por ellos mismos. Me costó lo mío en su momento, pero ahora estoy muy orgullosa... de lo que desde el principio de sus vidas hice para con ellos. De ahí mi admiración por este padre. Porque mal que nos pese en nuestra época, solamente eramos las mujeres las que nos hacíamos cargo de nuestros hijos, pero afortunadamente parece que esto empieza a cambiar. Ahí tenemos el ejemplo de Ángel Riobóo que yo particularmente considero una persona muy especial.

Añadir que merece la pena leer este ensayo. Lo digo alto y claro. ¡Enhorabuena Ángel Riobóo! A eso se le llama ¡Coraje y Valentía!

En su día comenté su ensayo, pero no lo veía por ninguna parte, y lo volví a comentar... tuve de repente que ingeniarmelas para terminar de hacerlo, porque se presento de improviso el técnico del ordenador, ahora ya no quiero saber de su persona, y soy yo mi propio técnico con alguna metedura de pata... pero no, no, no, no quiero que me toquen otros mi ordenador que lo dejan peor.

Ahí va mi segundo comentario sobre Instinto de Paternidad.

Hola a todos:

Me llamo Maite: Tengo que decir que con sumo agrado he leído el ensayo de INSTINTO DE PATERNIDAD.

Es un ensayo que se lee con gran facilidad debido a la forma tan amena de escribir de su autor Ángel Riobóo. Además, de hacerlo de una forma tan extraordinaria, tengo que resaltar: la ternura, sensibilidad, simpatía e ironía con que nos deleita dicho autor.

Todo un ejemplo a seguir por todos aquellos que somos padres. Es cierto que nadie nos ha dado un manual de instrucciones para educar a nuestros hijos y, máxime cómo le ha sucedido a nuestro amigo verse de repente solo ante el peligro. No, no, no, no se echen ustedes las manos a la cabeza... nuestros hijos no son un peligro... es una manera de hablar, o en este caso de escribir, pero haciendo honor a la verdad que me caracteriza en cierta manera... ¡Vaya si lo son! Nos rompen todos los esquemas, por eso tengo que decir a las parejas, que antes de tener así... hijos sin más, ni más... que se lo piensen. Por ello les remito al ensayo, que con tanto acierto a escrito Ángel Riobóo. Y, no les cuento a ustedes, si, en lugar de en una atacada, llegan varios hijos en lugar de uno, entonces es cómo para pensarselo doblemente.

Seguramente, por lo expresado ustedes, ya saben que soy madre , pues sí, por partida doble, pero con dos años de diferencia entre ambos hijos, menos mal, porque si no, me huebiese dado algo.

Leyendo a Ángel he podido comprobar, que tanto hombres cómo mujeres podemos ejercer de padres. A veces, con aciertos, otras no tanto, pero cuando vemos a esas criaturitas tan inermes, un poquillo nerviosos creo que todos nos ponemos. Pero no es tan fiero el león cómo lo pintan. Esos granujillas como bien dice el autor no son tan frágiles como nos pueden hacer ver, creer o pensar, e incluso más de una vez, nos manipulan con el consiguiente susto de unos padres primerizos. Y, por ello les remito al ensayo de INSTINTO DE PATERNIDAD. Les aseguro que se obtiene un aprendizaje y además está lleno de una gran de ternura.

Antes Ángel Riobóo dedicaba tiempo a su blog, pero por motivos prefesionales ya no puede hacerlo, de todas maneras os digo que ha publicado más de un libro, y sus lecturas se hacen muy amenas... y ya no solamente esto sino que algunos de sus libros encierran gran ternura como Instinto de Paternidad, que me hizo llorar porque el desenlace del final... Ángel no se lo esperaba.
Dos matrimonios y ambos fallidos, y él puso todo de su parte, lo puedo decir, porque Ángel hace referencia en sus libros, y en algún que otro artículo.

En la actualidad vive en Lanzarote. Nos reencontramos a través de la página de la que soy miembro. Fue un compañero de juegos en mi estancia en el lugar que me vio nacer, Santa Isabel de Fernando Poo, una isla mágica y de ensueño, ahora se llama Malabo.


marchesesilvana

La Página web de Ángel.

http://www.webspace.es/

3 comentarios:

Odi Noyola dijo...

^-^ ¡Interesante!

Poseidón dijo...

Hola Maite,
yo tb recibi esa educación y es lo que procuro transmitir a mis hijos..
Instinto de paternidad una mayoria de padres pienso yo que la tenemos.

Claro que es interesante y muy importante.

Obrigado menina!
Gracias chiquilla por tu post!
Je te remercie pour publier quelque chose d'aussi important pour les êtres humains.

BESOS
BIOSUS
BEIJOS

Miel dijo...

Hola Maite!!! te visito de nuevo y te leo con admiración, yo también soy madre, aunque de dos niños, también se llevan dos años de diferéncia. Me ha gustado leerte y me parece que lo que dices es muy cierto, la comunicación, el aprendizaje que recibimos de nuestros hijos,... todo lo que dices lo comparto,... tendré que leerme a Ángel Riobóo!!

Ahhh!!! te he respondido en mi blog, pero lo hago aquí también, soy de Barcelona, pero si algún día vienes por aquí no dudes que te prepararé una merienda que lleve chocolate!!! jejejej

Besotes

Miel