30 nov. 2012

Plantar...



Plantar...

Cuando sembramos amor poniendo nuestra semilla
en el devenir de la vida, ésta va creciendo, bajo nuestra mirada
es como plantar un árbol en la campiña dorada
creciendo y dando sus frutos para nuestra maravilla.

A veces acontecen vendavales rozando nuestra mejilla,
y aunque nos den fuerte en la faz sigamos siendo dulce miel elaborada
esperando que la semilla crezca en la algarabía de la madrugada,
para deleite nuestro y de los otros en paz almidonada.

Campos verdes en primavera
alimentados con lluvias del otoño,
así será ese amor en el trigal de la era.

Esperemos, su crecida, calmos en la vera
del camino, en profundo, y azul dueño
que ha de llegar algún día como encendida cera.

26 nov. 2012

A mi lado...

A mi lado tan cerca y lejos
resulta doloroso no tocarte
e imposible no extrañarte
como si fueses tú mismo y tu espejo.

Mi aliento se acerca en los reflejos
te goza mi ensueño en cada parte
pero no es igual amarte que no amarte.

Quién me ama y quién se escapa
en esa vida que admiro y temo
en esa locura que ata.

A quién me entrego;
a aquel que me mata
díme eres tú, en este juego?

25 nov. 2012

La Hiedra...




La hiedra…





Pegadita a ti como la hiedra


en baile de palabras que embelesan


siempre en deleite juegan y besan


nunca como la ruda piedra.





En amores tuve algunos que besaban,


pero hacían daño y no cautivaban.


Un día los dejé sin rencor no siendo hiedra


despegándome de ellos sobre la tierra.





Renazco fundida en dulce escarcha


naciendo a un amor que espera


mientras mi razón y sin razón apunta a ella.





Desconozco que acontecerá en esta brega


en dulce espera que no espera


al ladito de la hiedra.







imanastur

23 nov. 2012

Alegría...



Alegría en mi corazón
Porque has sabido llegar
De una manera especial.

Con cánticos de alegría,
Que me hacen suspirar.
Quédate a mi lado.

No te vayas nunca,
Porque me haras llorar,
Sé fuego de artifício.
Dura unos instantes
Nada más, pero…
Los podemos hacer durar.

Mientras haya alegría y paz.
Las almas enamoradas,
No pueden irse jamás.

Somos felices ahora,
Como aquella vez,
En la que nos mirábamos en el otro,
Sin necesitar nada más.

22 nov. 2012

Sola...



Sola...

Me encuentro sola entre la gente,
tengo mi alma arrinconada;
entre perlas olvidada
sucumbo de sed ante la fuente.

Sola ante la multitud indiferente;
tengo herido mi costado
bajo el cielo abandonado,
y no puedo ser diligente.

¿Será este mi destino?.
No quiero esta sequía,
es preferible el buen tino.

Solitaria del cielo pendía,
he de hacer mi camino;
en el único tránsito con buen día.

20 nov. 2012

Mi Alma clamó...




Mi alma clamó...

Mi alma clamó en el estío
por tu amor y mi locura;
venid a mí con frescura
en este verano de desvarío.

Tu mano me sacó del vacío,
y la alegría llegó a mi alma;
con toda su calma
cuando llegue el invierno ya no sentiré frío.

Henchida de ti en esta entrega
en esos labios que tu boca junta,
pues contenta de ti, así se entrega.

Creo conocer mi sentimiento en mi brega
donde el amor hunta;
en esas almas que se juntan.

17 nov. 2012

Rosa...



Rosa de angelical cultura
Eres de gran sentimiento
Te llevo en mi pensamiento,
Porque eres toda hermosura.

Te llevo en mí sin atadura,
Porque eres hilo sabio en sarmiento,
Aunque haya vendavales los vences con estremecimiento,
Porque llevas en ti una potente arquitectura.

No eres para nada presumida
El morir desdeñas
Y nunca seras encogida.

Lo dicen tus dulces señas
Sabes aprovechar la vida
Viviendo como tu la enseñas.

15 nov. 2012

La pastorcita Bego...

La pastorcita Bego...

NOTA: Cuento dedicado a "Galicia Maravillas" para mí "Galicia Maravillosa". Bego, lo prometido es deuda...

Pero qué linda, qué guapa, qué preciosa era la pastorcita Bego. El verdor de las praderas pintó esmeraldas en sus ojos. El fulgor de las amapolas puso caricias en sus mejillas y la nieve de la sierra, blancura resplandeciente en su cuerpo. Bego era una niña muy alegre, hacía felices a los demás con sus cosas, todas ellas llenas de pasión y ternura, no se percataba de ello y además era muy dulce y gentil.

Su madre, la señora Armonía, guardaba éste, su único tesoro, como guardan las madres a sus hijos, con verdadera avaricia.

Poseían un rebaño de ovejas y cabras. Además tenían un perrito de nombre Pernales y un gatito de nombre Ánibal. El perro era todavía muy chiquitín pero muy fiero, y claro poseían una casita para morar en ella, de adobes, y cañizo, ésta era endeble a los vaivenes del viento, colándose el mismo por rendijas y agujeros.
Todos los pastores y zagalas de los contornos, se rifaban a Bego, todos ansiaban tenerla con ellos, regalándola requesones, miel, pan recién cocido y leche fresca, la pastorcilla de nuestra historia era muy comilona, siempre tenía hambre, jejeje.

Ella con sus ocho años venturosos, se complacía dejándose mimar, prodigando caricias y compañía a todos, era muy buena.

También David, el triste y huraño pastor, adoraba a la chiquilla, pero este embeleso lo encerraba, para si, dentro de su pecho, atisbando por entre zarzas o entre los árboles, el gracejo de la niña.

David llego un día al monte sin saber de dónde ni cómo. Vino con un enorme rebaño de ovejas y un perro mastín de nombre Tarzi, grande y feroz, del que jamás se apartaba. Traía David tristes los ojos, pero en ellos dormía una luz bondadosa y sus labios temblaban emocionados... contemplando una puesta de sol o el cielo salpicado de estrellas.

Los demás pastores, negaron su hospitalidad al recién vecino y tan sólo por envidia. Hablaban por hablar y mal de él.

- A saber quién será
- Quizás haya robado y por eso tiene un gran rebaño
- Tiene traza de cualquier cosa


La cuestión es que viene a disputarnos los pastos, y a dejar más seco el río de lo que está, como podéis observar, encima de envidiosos, poco generosos, no queriendo compartir, con lo hermoso que es hacerlo.

- ¡Fuera ese forastero!
- ¡Guerra con él!

Vaya comportamiento... tan malsano tenían los demás pastores con el pobre David, que lo único que había hecho era tener un rebaño más grande, y hermoso que el de los demás, debido a su tesón y esfuerzo, pero por desgracia así se conducen algunas personas... haciendo daño por envidia sin sopesar las graves consecuencias que ello puede acarrear.

Pronto comprendió el pastor el enojo de sus vecinos. Nadie le saludaba y todo por celos. Apartándose de él cual si fuese un leproso y también sorprendido dolorosamente, tornóse desconfiado, no era para menos, huraño y una rebeldía iba apoderándose de su alma, pues no entendía el comportamiento de sus vecinos. Él mismo construyó muy lejos, apartada del poblado pastoril, su casa – cabaña. Condimentaba su comida. Bajaba al arroyo a lavar su ropa. Y siempre estaba solo.

Un día vio en el monte a Bego, quedando prendado de su gentileza y ternura. Una lágrima pareció temblar en sus ojos, una lágrima que rápidamente secó con la mano y pensó:

- Así sería mi niña si viviese –dijo en voz queda-

Tenía ansia, tenía afanes de besar aquel pimpollo primaveral, pero la pastorcita le miraba medrosa, alejándose de él, qué malas son las habladurías y envidias sin fundamento! Porque su madre Armonía escuchaba todo aquello que se murmuraba de David, que a saber de dónde vendría, que si era malhumorado, huraño, desconfiado, patatín y patatán. Le decía a su niña Bego que nunca bajo ningún concepto se acercase al pastor. Pero un día una ovejita se escapó del rebaño de Bego y sin saber cómo, se encontró frente a frente con David. A unos pasos de distancia, pero sin miedo, dijo la niña.

- ¡Hola!

Y el pastor contestó enseñando la blancura de sus dientes con una sonrisa.

- ¡Hola, linda pastora!

Nada más. Cuesta abajo corría sin freno hacia su casa con la ovejita extraviada.
Otro día el pastor tocaba su flauta. Eran unos sones melodiosos, tristes tañidos, canciones pastoriles, salpicadas de nostalgia.
Paso a paso la pastorcita iba cada día acercándose más a David. Y... se hicieron grandes amigos, y pasado un tiempo, David le regalo su flauta. Bego se fue corriendo a su casa para contárselo a su madre, y en cuanto le contó lo acaecido con David, su madre puso el grito en el cielo, esto es lo más perverso que se puede dar, cuando se juzga sin saber, por el mero hecho de tener celos de un semejante. Su madre Armonía ni corta ni perezosa rompió la flauta a trozos y arrojándolos lejos dijo:

- El Señor me la preserve de todo mal.

Bego, quedo suspensa. Aquello de que el pastor fuese tan malo, no cabía dentro de su cabecita, pero quiso salir de dudas y acechando el momento en que su madre reunía el ganado y llevaba a beber a Dulce, que era una vaca hermosísima, escapó al monte. Terca como lo son los niños en sus caprichos quería volver a estar con el pastor.

- ¡Hola!
- ¿Qué me dices, flor tempranera?

La niña dijo moviendo su faldita encarnada:

- Ya no tengo flauta
- ¿No?
- Respondió David
- No, madre la rompió porque dice que tú eres muy malo, que eres el diablo
- ¿Verdad, David, que tú no eres el Diablo?

Ante aquella inocente pregunta, el pastor quedó parado unos instantes. Luego dijo abrillantados sus ojos:

- No lo sé Bego. Lo que sí me consta es que tú eres un ángel, un angelito que me envía nuestro Señor en mi dolor. Y desde aquel mismo momento ya ninguna duda tuvo Bego y fueron más amigos... si cabe.

¡Qué larga le parecía la noche a David! Las sombras se le antojaban fantasmas. ¡Cuántas horas sin ver a la pastorcita! Después cuando venía la aurora, una ventura le arañaba el corazón: Pronto vendrá Bego. Espiaba su venida dado grandes zancadas, anhelante su pecho y cuando de lejos vislumbraba a sus bracitos al aire como las de un ángel, sentíase desfallecer de dicha.

Un día después de estar con David, al llegar a su casa su madre le dijo que se iba a la ermita, y que no la podía llevar ya que estaban en el mes de enero y hacía mucho frío, que era mejor que la esperase calentita en casa, y sobre todo que no abriese la puerta a nadie.

Los lobos que estaban por allí se percataron del hecho. Y ni cortos ni perezos aprovechando que Armonía se había ido, se personaron en la casita de madre e hija, la engañaron imitando a un montón de animales, para que Bego abriese la puerta, pero la niña no hacía caso y por supuesto seguía los consejos de su amada madre y no abrió la puerta. Los lobos se pusieron muy furiosos. Bego estaba muy asustada además el viento hacía brú, brú, brú y glu, glu, glu murmuraba la lluvía.

El capitán de los lobos se enfureció, diciendo estamos perdiendo el tiempo, esta niña nos va a tener a la intemperie, así es que manos a la obra. La casa es endeble, adobes y cañas. Alzáronse los lobos en sus patas traseras y comenzaron a hincar, con furia, sus zarpas en las frágiles paredes.
El viento: brúuuu... brúuuu
La lluvia: gluuu... gluuu
Y las patazas lobunas: ras... ras, ras, ris, rasss.

La pastorcilla gritaba, y gemía con todas sus fuerzas... les decía tuviesen compasión de ella. La casa iba cediendo, abrióse una rendija y así otra y otra. Bego podía ver sus hocicos. Había ya muchos boquetes, la pastorcita lloraba y temblaba. Su carita estaba completamente pálida. Sintió que la vida se le escapaba.

De repente: Algo atravesó el aire. Un silbido atronador, al mismo tiempo que cuerpo a cuerpo iban cayendo en el suelo. Inmediatamente una lucha sin igual. Garrotazos... lamentos... aullidos y después el silencio sólo interrumpido por el brúuuu... del viento.

Una hora después llego la señora Armonía y una congoja inenarrable recorrió su ser. La casita estaba deshecha, llena de boquetes y la puerta cedió a un pequeño empuje.

- ¡Bego! ¡Bego! ¡ Bego! –habló presa del terror-
- Los lobos madre. Los lobos...

Entonces reparó la señora Armonía. Cinco lobos aparecían muertos cerca de la cabaña y un poco más allá, estaba el pastor ensangrentado y cubierto de dentelladas.

Le curaron cuidadosamente. Él habló preso de la emoción:

- Desde mi cabaña, sentí los aullidos y pensé si algún daño podría ocurrir a mi niña querida... Cogí mi honda, acompañada de grandes piedras y mi garrote. Los lobos cercaban la casa y emprendí una lucha cuerpo a cuerpo. Algunos murieron, a otros les hice huir... Yo estoy herido, pero ella... ella...

- Bego no padece daño alguno
- Alabado sea el Señor –dijo tímidamente.
- Y... añadió: llevadme a mi cabaña.

Pero la madre de Bego, Armonía, envuelta en sollozos de gratitud, contestó:

- ¿A su cabaña? ¡No, no, no, no... de ahora en adelante vivirá con nosotras!
- Vamos... si usted quiere y le parece...

En los ojos del heróico pastor, David, asomó una lágrima de felicidad.

Colorín colorado este cuento se ha acabado.


CreacionesLuz49

14 nov. 2012

Muñequita...



Muñequita...

Hay muñequitas lindas de carne y hueso, y luego están las muñecas, que todas o algunos han tenido alguna vez, a mí siempre desde niña me han gustado las muñecas, y peluches, en la actualidad, me siguen gustando, por ello, aquellos que me conocen bien, como por ejemplo mis hijos, de vez en cuando me suelen regalar o bien alguna muñeca, pero casi siempre son peluches. Hoy estaba pensando en ello, cuando recordé el haber escrito algún cuento sobre una muñeca, pero como soy puro despiste, no lo he encontrado por ninguna parte, por lo tanto después de esta perorata, voy a escribir un cuento que va a llevar por título: Muñequita.

Hay niñas que tratan a sus muñecas con: dulzura, ternura y primor, juegan con ellas imitando; a sus madres, tías, abuelas, y sin saberlo se están preparando para ser futuras madres, algunas han de llegar a serlo y otras no, pero lo importante es aprender esos buenos sentimientos, para luego saber transmitirlos. La muñequita de nuestra historia, no tenía mucha suerte con la niña, que le había tocado, porque era de esos seres desalmados, que nada le importan los demás, era justamente de esas personas, que siempre están malhumoradas, y en lugar de disfrutar jugando con sus muñecas o amistades, hacía todo lo contrario, siempre se estaba quejando de su suerte, y pagaba su mal genio con los demás, y hete aquí que la muñequita de nombre, Luz, pagaba todos sus desmanes, no servia para nada, las recomendaciones de su buena madre, padre y todos aquellos que conformaban su entorno, no, siempre mal encarada y si podía hacer daño mejor que mejor.

La muñequita, Luz, había llegado un día, al hogar de esta terrible, niña, de nombre, Perla, ya veis que nombre tan lindo, para una niña tan mala... Hizo su entrada en el hogar de Perla, porque a su mamá le gustó mucho y se la compró, para ver si así, le iban entrando los buenos consejos, y los ponía en práctica con su muñeca, pero no fue así, a los poquitos días, Luz, ya no era aquel primor de muñeca, ¿por qué?; os preguntaréis, la respuesta es que Perla, la había arrastrado por el suelo, la zarandeaba cuando le entraba el mal genio, y Luz, tenía el vestido roto, casi no le quedaba pelo, y lo más triste, se había quedado sin ojos.

En el hogar de Perla, había una señora, Piedad, que ayudaba hacer las tareas domésticas del hogar, y tenía una hija de la edad de Perla, al ver a la muñequita en el cubo de la basura, porque en uno de sus arranques de furia, Perla, la había echado allí, la recogió, y pidiendo permiso a la madre de la niña, se la llevó a su casa. Era una casa humilde, pero no por ello dejaba de estar bien arreglada, y se estaba a gusto, era un verdadero hogar, donde se aprendía de todo: a leer, ser educada, escribir, modales, pero por sobre todo, buena persona, al igual que en casa de Perla, porque su madre así lo había intentado una y otra vez.

Al llegar en tan mal estado, la hija de Piedad, de nombre, Tessa, se quedó muy impresionada, al ver el estado de la muñeca, su madre, Piedad, le explicó el porqué, y Tessa, no daba crédito, no podía entenderlo... Le daba una y mil vueltas, y su madre la tranquilizaba, pero ella sufría, porque no entendía que pudiesen existir personas así. De momento, baño a Luz, le hizo vestidos, que su madre le había enseñado a hacer e incluso alguna chaqueta de punto, porque había aprendido a calcetar, y todos sus conocimientos, los puso al servicio de poder arreglar aquellos desperfectos ocasionados, en la muñequita, Luz. Como su madre no tenía mucho dinero, era viuda, tuvo que pasar tiempo, hasta que a la muñequita la llevaron a una tienda, donde se reparaban las muñecas, para ponerle unos bonitos ojillos, mientras tanto, Tessa, era la luz de la muñequita. Ya veis se llamaba Luz, pero no podía ver.

Un día cuando Tessa, ahorro lo suficiente, con lo que su madre, le daba de paga, llevaron madre e hija, a la muñequita a una tienda, para ser reparada, pero el señor que la tenía que arreglar, se olvidaba día tras día de ella, y que mal lo pasó nuestra muñequita, porque madre e hija se tuvieron, que ausentar de la ciudad, para ir a cuidar a la abuela de Tessa, que se había puesto enferma, así iban pasando los días, y cómo se acordaba Luz, de la niña a la que tanto quería. Al ser muñeca no podía hablar, ni quejarse, y ni tan siquiera podía llorar, porque en lugar de ojos tenía unas cuencas vacías.

Por fin al ponerse bien la abuela de Tessa, volvieron a la villa, y ésta lo primero que hizo fue ir a la tienda, poniéndose muy triste, porque al señor Julián se le había olvidado su muñequita. Sin embargo salió de allí muy contenta, Julián, le prometió que a última hora de la tarde, ya la tendría arreglada, como así fue.

Qué linda lucía ahora Luz, con unos ojos negros preciosos, y lo curioso es que parecían, fuesen de verdad, de tal brillo que desprendían. Así, Tessa, después de volver del colegio, se encontraba con su bonita muñeca, pero un día a la atardecida, llegaron a su hogar, su madre Piedad, acompañada, de la niña, Perla, que aunque linda por fuera, era fea por dentro. Tessa, la recibió bien, pero no entendía que hacía allí... aquella niña que había tratado tan mal, a Luz, y encima venía con una pequeña maletita, a Piedad, no le había dado tiempo de explicar a su hija, que los padres de repente por la muerte de un familiar, tuvieron que ausentarse de la ciudad.

Y aquí empezó el calvario de Tessa, y su muñequita, Luz, porque Perla delante de la madre de Tessa, se comportaba bien, pero día a día le hacía la vida imposible tanto a la niña como a su muñeca, era muy falsa, y Tessa, nada quería decir, no era una niña chivata, y aguantaba, vaya si aguantaba, hasta que un día no pudiendo más le dio una buena tollina (paliza), la verdad se la estaba buscando, al llegar a casa su madre Piedad, no daba crédito... de lo que había hecho su hija... Pero como era una persona justa, escuchó a ambas partes, sobre todo sin alterarse y con toda tranquilidad, y sabéis qué aconteció, lo más sorprendente, que os podáis imaginar, la niña Perla, pidió perdón, y desde aquel día se convirtió en una niña: dulce, tierna, para con todos los demás...

No es bueno, ni aconsejable: pegar, levantar, la mano, si se puede dialogar, pero como podréis observar, por la historia, a veces viene bien sacar la mano a paseo, porque hay personas, que sólo saben: fastidiar, herir, hacer mal, y en este caso no quedaba otra solución, por lo tanto, Tessa, ejecutó, y le salió bien la tollina (paliza).

No hay como el diálogo, en todo aquello que se dé en nuestras vidas, pero a veces...


Nota aclaratoria: Que nadie se asuste, de mi pequeño cuento, porque bien sabe dios, que soy pacífica, pero una vez se dio un caso parecido al de la historia, y surgió efecto.




sercub1962

10 nov. 2012

Zulema...

Zulema...

Érase que se era en una ciudad del lejano, Oriente, una ciudad de ensueño donde vivía nuestra Zulema, este nombre significa... "Amante de la paz..." Dicho lo dicho continuo con el relato...

Zulema era hija de un alto dignatario, estaba muy enferma, era visitada día si... día también por todos los médicos de la ciudad pero Zulema cada vez estaba peor... no mejoraba de su enfermedad. Días y días postrada en su camita, sus colores se iban apagando como mueren las flores, y su cuerpo iba consumiéndose poquito a poquito como una vela que se extingue.

Su padre, Siro, estaba muy triste mientras daba sus besos a su hijita. Y Zulema viendo una lágrima resbalar por la mejilla de su padre, dijo:
- ¿Por qué lloras, padre?
- No, Zulema, no estoy llorando
- Preguntó, Zulema:
- ¿Es que me voy a morir?...
- No, mi niña, Alá no lo permita, mi adorada Zulema
Yo no me quiero morir:
- Tengo muchos libros, muchos juguetes, pájaros, flores. No quiero morirme.
Zulema bajó la voz y con misterio y dulcemente susurró al oído de su padre.
- Tú no lo sabes. Yo no me voy a morir. Me lo ha dicho un duende esta noche.
Siro creyó que Zulema deliraba. Pero ella llena de alegría. Mira, me ha enseñado mi duende una flor muy bonita. La voy a dibujar y así lo hizo. Dibujó una flor preciosa una flor de Almendro...

- Mírala padre - Era así. Me dijo el duende, que el Cielo la enviaría para mi curación, y tan pronto llegue a mis manos me curaré. No me voy a morir. No estés triste.
- ¿Y la flor? preguntó su padre.
- No lo sé. A mí me ha dicho mi duende que vendría del Cielo.
- Bueno, mi amor, mi Zulema, voy a rogar por ti. Voy a ir a la Mezquita. Espero que Alá me escuche. Una sonrisa angelical se extendió por el rostro de Zulema.

Marchó... Siro que era un Sultán a la Mezquita, seguido por todo su séquito. Al ir a la Mezquita tenía que atravesar la ciudad, y como siempre le iban saliendo a su paso todas aquellas personas que no tenían ni para comer y como siempre su cólera brilló en su rostro.

- ¡Iros de aquí!

Pero los mendigos permanecieron impasibles ante su enfado y decían:
- ¡Zulema! ¡Zulema!

Oyendo el nombre de su adorable hija... Su ira se aplacó. Se quitó las babuchas, costumbre oriental, entró en el templo y oró pidiendo la curación de su hijita. Salió bastante más risueño de como había entrado.

Llegó al Palacio e iba satisfecho, creyéndose que sus ruegos no habían caído en saco roto. Siro le dijo a Zulema:
- ¿De qué me sirven todas mis riquezas si te pierdo a ti? Mis médicos no saben curarte.

Pero la niña de nuestra historia apenas le escuchaba... Anhelante le preguntó:
- ¿Has dado alguna limosna a los pobres?
El Sultán calló.
- Ay, ay, ay... padre hoy no comerán...
Siro todo emocionado... respondió.
- Si te curas daré todo lo que poseo.

Siro se fue muy pensativo al gran jardín que tenía y de repente se le apareció el duende. Se quedó muy sorprendido... el duende le dijo:
- Escúchame -
He venido de muy lejos para decirte que Zulema no me soñó. Estuve con ella. Por lo tanto conozco el sueño de tu hija. Y te aseguro que esa flor llamada flor del almendro... bajará del Cielo a las doce en punto de la noche y el prodigio se realizará. Pero el Señor que todo lo puede te pone una condición.
- ¿Cuál es? - preguntó el Sultán
- El duende le contestó:
Darás abrigo y comida... a todos aquellos que viven en la miseria, y en el futuro te preocuparás de su suerte, como súbditos tuyos que son.
- Siro... Respondió
- ¡Concedido!!

Siro permaneció esperando a que fuera la hora bruja de la noche... De repente la tierra de su jardín se abrió, y de él salió un árbol precioso con varias flores de almendro, a cada cual más bonita, y sobre todo una muy grande y más bella que las demás, era la flor de Almendro por excelencia... Cayó a los pies de Siro...

Jadeante... subió a la habitación de Zulema, que estaba acompañada de su madre y la servidumbre de Palacio. Al ver a su padre, se sentó rápidamente en la cama, diciendo:
- ¿Traes la Flor, papá? ¿Ha bajado del Cielo?
- Sí, Zulema, pero no ha bajado del Cielo... en nuestro jardín ha crecido un bello Árbol lleno y adornado de muchas flores de Almendro... ¡Mira la flor de Almendro!!

- ¡Ah!!
- contestó radiante Zulema y se curó...

Cuentan las crónicas que desde entonces no hubo en aquella ciudad del lejano Oriente... Sultán más caritativo para con los pobres tanto en lo material como en lo espiritual... Siempre estaba ahí para todos ellos.


Catetochil

9 nov. 2012

El gatito miau...

El gatito miau...

Cantaban las niñas del colegio...

"Estaba el señor don gato
sentadito en silla de oro.
Gurrumiaumiau, sentadito en silla de oro."

El señor don gatito, que así se llamaba el gato de nuestra historia, no estaba sentado en silla de oro, sino enroscado en una butaquita de mimbre muy cuca y muy linda.
Las colegialas le daban sus mimos, golosinas, pedazos de jamón, trocitos de sus bocadillos y hasta pastelitos.
"gatito miau" correspondía a tanto mimo con mucho arqueo de lomo, un gracioso -run run- sacando su lenguecita rosada entre un abrir y cerrar de ojos llenos de mimo.
Las colegialas se disputan en el recreo quién habría de tener al gatito en su regazo, y le llamaban gatito, porque era muy cariñoso... Pero nuestro gatito era todo un señor gato, enorme y precioso con un pelaje de color entre blanco y beige. De tantas golosinas que las niñas le daban... la cara de gatito parecía una confitería, su hocico un mil hojas y los bigotes untados de nata. Luego se lavaba... encogía la patita muy escondidas las uñas, y pasaba la lengua por su patita peluda muchas veces, y la patita frotaba su cara mejor que una mamá haciendo la colada.

"gatito miau" debiera considerarse feliz, ¿verdad?

Pues... no señor, todavía no estaba contento con su suerte y esto es lo peor que puede ocurrirles a los gatos y a las personas...
Y por qué nuestro gatito no era totalmente feliz. Pues porque nunca había probado a un ratón... gatito sabía por otros gatos que comían ratones y claro no quería ser menos...

Entonces se fue del colegio para encontrarse con un grupo de gatos y preguntarles dónde podría hallar ratones, porque en el colegio no había ni uno ya que las monjitas lo tenían todo muy limpio.
Dio con un grupo de cuatro gatos y éstos le dijeron que en una casa de color rojo que se divisaba desde donde ellos estaban había muchos ratones... los más exquisitos del mundo...
Le dijeron:

- Prueba fortuna
- Y gatito respondió:
- Miau-miau-miau... - Y... gracias compadres gatos, seguiré vuestro consejo. Esta tarde me escaparé.

Sus pisadas se perdían en la hierba. Iba tronchando margaritas, porque la primavera vestía flores a las praderas. Guiñaba los ojos a los pájaros y dio un brinco ante una bonita mariposa.
Rastreando, rozando su barriguita por el húmedo suelo llegó... ante la casita de color rojo... sintió gatito que le palpitaba terriblemente el corazón. Por un agujero labrado en la misma puerta, se escurrió como si se tratase de un anguila.
Silencio y quietud. Sólo el run-run de un vecino regato... gatito andaba quedo, recorriendo todas las dependencias de la casa, cuyos muebles chirriaban carcomidos por la polilla. Fuera se oía una leve brisa rizada las hojas de los árboles y algunas ramas chocaban con los cristales de las ventanas. Chillaban los buhos, graznaban los cuervos, gatito comenzó a sentir algo parecido al miedo, arrepentido de su escapatoria... De pronto se detuvo ante una puertecilla estrecha pensando, sabiamente, que junto al queso y el tocino que estaba divisando desde un rinconcito detrás de la puerta, estarían los ratones... Se oyó un ruido y gatito sobresaltado se puso en guardia cuando ante él y como por arte de magia se presentó un ratón gigante, quien alzado en sus patas traseras dijo:

- Buenas noches Gatazo. ¿Qué te ocurre? ¿Cómo así... rondas por estas tierras?
- Pues... pues...
- Contestó gatito, con un miedo archigatuno
- Quería pescarle, mejor dicho cazarle...
- Ja, ja, ja
- Rió el ratón -
- Atiende y ojo...
- Tararu... tararu... tarari... tarari...

A este reclamo, se presentaron, cuarenta ratones, cien ratones, doscientos ratones. Todos traían instrumentos. Cítaras, violines, saxofón, arpas, flautas, y hasta un ratón también gigante, llevaba encima de su hombro un pequeño piano.

- "La marcha fúnebre de los gatos"
- Ordenó el director. Aquello fue inenarrable. Era una orquesta infernal. Una loca algarabía.

El pobre gatito cayó desmayado panza arriba y los ratones bailaban sobre él.
- Chincha... chincha... chincha... Rabiña... rabiña...

- Basta... ordenó el director y haciendo una profunda reverencia a gatito dijo:
- Conque cazar ¡Eh!
- Has de saber que soy el ratón por excelencia. He vivido muchísimos años y pienso seguir viviendo un montón más, para comer todas las sardinas, y jamones del mundo de los que tengo repleta mi despensa, y que no pongo a tu disposición, porque la caridad bien entendida empieza por uno mismo y tengo que alimentar a mis músicos. Así que gatazo infelizote, vuélvete a tu colegio, y deja en paz a los ratones.

Desaparecieron y gatito con un pánico terrible escapó. Pisaba la hierba, las margaritas con rocío de la madrugada. Corría... corría... Salvó la tapia, cruzó el jardín y en seguida se quedó enroscado en su sillita de mimbre, quizás nadie hubiese notado su escapatoria. Se durmió creyendo que todo había sido una pesadilla.
Unas voces alegres le despertaron:

- ¡Ay mi Gatito! ¡Si estás tiritando!
- Si tienes húmedo el pelo. ¡Estará enfermo...! Decían las niñas que le querían...
- Miau... miau... contestó dulce y débilmente.
Lo arroparon cariñosamente dándole a comer sopitas de leche azucarada. Y un trocito de jamón y un poquito de nata.
- Miau... miau... dijo gatito, henchido de gratitud. ¡Qué bien, pero qué bien se estaba allí! En el colegio todo era paz y con aquellas niñas tan buenas.
Entonces, como nunca, comprendió que no hay mayor felicidad que contentarnos con nuestra suerte y que alguien sabio le dá a cada uno el puesto que le corresponde y...

"Estaba el señor don gato
sentadito en silla de oro
Guarriamiaumiau.
Sentadito en silla de oro..."




7 nov. 2012

La Luna...



Luna

Contigo hablo todos los días,
eres mi fiel confidente,
te miro, me miras,
en esas miradas nos sentimos una:
comprendiéndonos, adivinándonos,
sin necesidad de emitir palabra.

No me juzgas sólo escuchas,
atenta a mi mirada,
nuestras pupilas se dilatan,
diciéndonos en ellas sin decir nada.

Eres mi sol para mí,
a pesar de ser luna,
sintiéndome reconfortada,
en tus cálidos y tiernos destellos,
a la noche en esa hora tan mágica.

Eres la soberana de mis noches,
me brindas tu compañía,
sin exigirme a mí nada,
alumbrándome en mis sueños,
como canción de cuna o una nana.

Reflejo en la mar,
zafiro aguamarina,
que a mi ventana asomas
viniéndome a alumbrar,
me voy quedando dormida,
en tu regazo, sitiéndome protegida.

Hasta mañana, luna de mi vida,
eres mi más grata compañia,
porque sólo escuchas,
sin preguntarme a mí nada.
Sabes e intuyes,
que soy muy celosa de mi alma.




trichonee

4 nov. 2012

Amor...

Amor...

Cómo es posible

que con tu canto.

Llegue a tocar el cielo

al no escucharte,

me voy muriendo por dentro.


Con una mirada tuya

quedo cautiva al momento.

Llegando al anhelante estremecimiento.

Sintiéndome cual diosa, ninfa.

Princesa del día

y... de la anochecida.


Con una caricia tuya

soy lo mismo que el fuego ardiendo.

Mi norte pierdo sin rumbo

quedándome sin timón,

y a la deriva yo voy,

hasta llegar a tu encuentro.


Transformándome en ti

dejando de existir.

Perdiendo todo el sentido

muriendo... sin dejar de vivir.


Porque siento que ya no me pertenezco,

tan sólo me siento parte de ti.

Encendiéndose todo mi cuerpo.

Sentir con tal apasionamiento,

quedando el alma presa.

Y, hasta herida por dentro.


Sentir como se ama,

como los ríos de nuestro interior.

Acumulando tal cantidad de pasión,

desbordándose en su cauce,

robando todo sosiego.

Mi cuerpo va en busca del tuyo,

en total frenesí y desbordamiento.


Se acercan... Se tocan,

van soñando y anhelando

perderse al fin,

en el mismo sentimiento.

Sintiendo como le va invadiendo,

al corazón la algarabía.

Cuando tal vez en un tiempo,

lo sentían morir de agonía.

Sintiendo como dos corazones,

aún estando en lejanía,

pueden permanecer unidos

Amándose más cada día.



cinefilo56