15 feb. 2012

El Geranio y Alicia...


El geranio y Alicia...



Los señores rosales se saludaron como señores bien educados.


- Buenos días amigos

- Buenos días

- Cómo se ha pasado la noche

- Bien fresquita, el rocío me ha envuelto en la noche como si fuese un cristal. Diciendo esto se iba sacudiendo aquellas gotas que parecían lágrimas perladas y perfumadas. Al ladito había un geranio pero nadie le saludó ni se percataron de su presencia, el geranio estaba boquiabierto contemplando la hermosura de los rosales que ni se fijaban en él.


Al balcón salió una niña blanca, nacarada, el pelo ensortijado del color de la miel. Estaba toda orgullosa de sus rosales, pero tampoco reparaba en el geranio, más bien le molestaba, en la casa vivía otra niña, morena, los ojos como zafiros, su melena negra, y ella sí se fijaba además de en los rosales en el geranio. Lo estaba contemplando cuando Guadalupe puso el grito en el cielo por ello, Alicia se quedó perpleja, no entendía nada. Eran primas pero muy distintas, Guadalupe era altanera siempre se quería salir con la suya y Alicia era más humilde, tenía defectos pero no era insoportable como su prima.


Se peleaban porque a Guadalupe le avergonzaba el geranio al lado de los rosales, y Alicia los cuidaba a todos por igual.


La primavera se fue fugaz, luego el verano pasó como el otoño, hasta llegar al invierno. A los rosales se los llevó al invernadero Guadalupe, pero no dejó que Alicia lo colocase allí y se quedó en el balcón pasando frío, aunque era guardado por Alicia a su manera. Con los cuidados de ésta y la ayuda de los elementos atmosféricos pasó el invierno muy a gusto y bien cuidado.

Llegó la pimavera nuevamente, y los rosales sentían una rabia infinita al ver tan florido y robusto al geranio, y es que no hay como ser gentiles, amables y todo se logra, así debiéramos todos tomar ejemplo, de la humilde Alicia y del simpático geranio. Los rosales y Guadalupe estaban que trinaban, mala cosa es la envidia, con lo bonito que es admirarse de las cosas en este caso de un geranio, que pese a las inclemencias del invierno estaba y presumía tan lustroso, y todo porque pidió a los elementos con bondad que fuesen benevolentes con él.


El geranio lucía tan hermoso para deleite de Alicia.


Colorín colorado este cuento se ha acabado.

3 comentarios:

Campanilla dijo...

Ay Maite cariño, que dulzura de cuento¡¡¡¡ El caso es que afortunadamente, por muchas Guadalupes que existan, las Alicias ganan. Los geranios ganan y además, casi nunca se me hielan...
Veo que has sido una viajera impresionante, lo mío también tiene su miga. Yo, como nacer, nací en Venezuela... ya ves. El caso es que ahora estás en Salamanca. Yo he vivido durante 8 años en Avila, así que recorrí bastantes veces Valladolid, Segovia, Salamanca... Castilla hermosa.
Besos, cariño y gracias por estar ahí siempre a mi lado.

RAFAEL H. LIZARAZO dijo...

Hola, Maite:

Me alegra que aún existan personas buenas, desprovistas de envidia y rencores, tal como lo es Alicia.

Abrazos.

Carmen Cordero dijo...

Hola,me ha gustado el cuento,y te cuento qué siempre habíamos tenido en casa geranios,pues mi madre decía qué era la planta más fuerte,y además son muy bonitos,pero de un tiempo a esta parte,les entra la mariposilla qué los estropea,los últimos qué tuve el verano pasado,antes de qué se estropearan les puse ese líquido qué venden,pero no me sirvió de nada,así quéno tengo ninguno y me gustan mucho,si sabes cómo tenerlos sin qué les entre el bicho ese,te agradecería me lo dijeras.

Un beso.